Jesús Zamora Pierce
Víctor Oléa me hizo el honor de pedirme redactara un prólogo para su libro El Delito de Despojo. No quiero repetir aquí lo que dije en ese prólogo.
Hoy me ocupo de ubicar a Víctor en el universo de quienes estudian, escriben y crean el derecho penal. Identifico dos grupos: los abogados penalistas y los académicos. Ambos sirven al derecho, pero la forma y condiciones en que trabajan es diferente.
El penalista estudia y escribe motivado, exclusivamente, por el caso que litiga en ese momento. Le interesan, tan sólo, los aspectos que tienen importancia para su defense. Además, trabaja siempre bajo la espada de Damocles de los términos procesales. El estudio del penalista se impregna de la angustia del preso. Es un guerrero.
El académico generalmente es un catedrático universitario, consagra al estudio de un tema todo el tiempo que es necesario para abarcar la totalidad de la materia, meses, a veces años. El estudio del académico se da en la paz y el silencio de los claustros universitarios. El penalista vive en la praxis, el académico es un teórico. Las diferencias entre ambos hacen que, en general, cada uno de ellos se mantenga dentro de los límites de su labor característica.
