Luis de la Barreda Solórzano
Una de las más famosas leyendas del Titanic es la relativa a su orquesta musical. Durante el hundimiento, los ocho miembros, dirigidos por Wallace Hartley, se situaron en el salón de primera clase en un intento por hacer que los pasajeros no perdieran la calma ni la esperanza. Más tarde continuaron tocando en la parte de popa de la cubierta de botes. La banda no dejó de tocar incluso cuando ya era seguro que el buque se hundiría.
Mientras leía las Líneas de precedentes de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre tortura y tratos crueles inhumanos y degradantes me venía a la mente aquella hazaña. En los momentos previos a la demolición de nuestra Suprema Corte de Justicia, el resto del poder judicial federal y los poderes judiciales de las entidades federativas, el Centro de Estudios Constitucionales del alto tribunal y la Corte interamericana presentan en dos volúmenes un trabajo valiosísimo sustentado en una metodología innovadora que se aproxima a las sentencias interamericanas desde las perspectivas del precedente judicial.
