¡Estamos estrenando imagen, disfrútala!
Empatía en las aulas virtuales jurídico-penales ¿una cuestión unilateral o bilateral?

I. JUSTIFICACIÓN. La celebración del Día del Maestro 20261, me hace reflexionar en torno a la labor docente postpandemia en la que, a nivel internacional (en casi todos los ámbitos y niveles educativos), se consolidó el “aula virtual” como garantía emergente, para hacer efectivo el derecho a la educación, ante las restricciones de movilidad y reunión, que la emergencia sanitaria por el COVID-19, trajeron como consecuencia; un mecanismo tecnológico que a mi parecer -y cual verdad de Perogrullo-, llegó para quedarse, dado el dinamismo de la sociedad contemporánea.

Para estos comentarios, aludiré a los salones de posgrado en materia penal, donde he tenido el honor de impartir clase, desde hace ya un cuarto de siglo, y en los que, más que enseñar, he ido a aprender. En efecto, la práctica docente me permite seguir cultivando el hábito de estudio, dando cumplimiento así, al primero de los Mandamientos del Abogado del insigne jurista uruguayo, Eduardo J. Couture, quien, a mediados del siglo próximo pasado, avizoraba ya la progresividad del Derecho, al consignar que: “si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos abogado”.

II. GÉNESIS MÍNIMA DE LOS POSGRADOS JURÍDICO-PENALES. Quienes optamos por un grado académico en alguna rama del Derecho, por regla general, lo hacemos con el anhelo de adquirir mayores conocimientos y superarnos; afán que se convierte casi en una obligación, pues los “mercados laborales”, exigen currículas con mayores plusvalías, que las de una simple licenciatura2 -equivalente en este siglo XXI- al hecho de saber leer y escribir. Surge así la necesidad de profundizar los estudios, en determinadas áreas del saber jurídico, como la penal, que se encuentra en constante evolución, e incluso, involución.

 

icono_pdf_criminalia_expres.png Descargar artículo PDF