Abstract
Ha captado la atención del mundo —así como de quienes lo integran, que es el caso de México— una conducta criminal de suma gravedad y lesividad: el terrorismo. Ahora se debate sobre esta violación a los bienes y valores de la más alta jerarquía, cometida en países del cercano oriente, como ayer se hizo con hechos similares sobre otros espacios de una incierta y vasta geografía.
Hace algunos años, el “golpe terrorista” de mayor calado se volcó sobre los Estados Unidos: las Torres Gemelas, en Nueva York y el Pentágono, en Washington. Los terroristas, que buscaban generar alarma y devastación, eligieron blancos “paradigmáticos”: la vida urbana y el poder militar. A raíz de estos hechos se produjeron intensas reacciones, que modificaron el orden jurídico y la relación entre las naciones, su política, su comercio, su justicia, su organización militar.
