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Perplejidad

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Abstract

Entre las innumerables actitudes asombrosas y desconcertantes del presidente de la República Mexicana, Andrés Manuel López Obrador, dos de ellas, contrastantes entre sí, resultan especialmente extrañas y sumamente inquietantes. No es que las otras no lo sean, pero estas dos lo son en grado extremo. Ambas me resultan —como estoy seguro de que a decenas de millones de mexicanos— muy difíciles de comprender.

Es verdad que muchas de las disposiciones del presidente son indefendibles e indignantes, como su inexplicable decisión de cancelar la magna obra del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México —que llevaba un tercio de avance, era prácticamente autofinanciable, respondía a una importante necesidad urgente y generaría cientos de miles de empleos e indudable progreso para el país—, o su rabioso embate contra los organismos constitucionales autónomos, el cual llegó al extremo de respaldar la sucia maniobra fraudulenta y sin precedente con la cual los senadores del partido en el gobierno —el Movimiento de Regeneración Nacional (morena)— y sus aliados impusieron a la nueva titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (cndh), quien no cubre los requisitos ni alcanzó la mayoría calificada de votos que exige la Constitución para el cargo.